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miércoles, 21 de diciembre de 2011

NIGHT-GAUNTS

Excelente adaptación del poema Night-gaunts, de H. P. Lovecraft:




NIGHT-GAUNTS

Out of what crypt they crawl, I cannot tell,
But every night I see the rubbery things,
Black, horned, and slender, with membranous wings,
And tails that bear the bifid barb of hell.

They come in legions on the north wind´s swell
With obscene clutch that titillates and stings,
Snatching me off on monstrous voyaging
To grey worlds hidden deep in nightmare´s well.

Over the jagged peaks of Thok they sweep,
Heedless of all the cries I try to make,
And down the nether pits to that foul lake
Where the puffed shoggoths splash in doubtfoul sleep.
But ho! If only they would make some sound,
Or wear a face where faces should be found!


BESTEZUELAS NOCTURNAS

No sabría decir de qué criptas salen arrastrándose,
Pero cada noche veo esas criaturas viscosas,
Negras, cornudas y descarnadas, con alas membranosas
Y colas que ostentan la barba bífida del infierno.

Llegan en legiones traídas por el viento del Norte
Con garras obscenas que cosquillean y escuecen,
Y me agarran y me llevan en viajes monstruosos
A mundos grises ocultos en el fondo del pozo de las pesadillas.

Pasan rozando los picos dentados de Thok
Sin hacer el menor caso de mis gritos ahogados,
Y descienden por los abismos inferiores hasta ese lago inmundo
Donde los shoggoths henchidos chapotean en un sueño dudoso.
Pero ¡ay! ¡Si al menos hicieran algún ruido
O tuvieran una cara donde se suele tener!

martes, 9 de agosto de 2011

BAUDELAIRE VS RIMBAUD round 1

Pelea a tres rounds sin límite de maldiciones.









En la esquina terrible: el parisino poseso de 36 años... ¡Charles, el dandy, Baudelaire!

















En la esquina amarga: de Charleville y con sólo 19 años... ¡Arthur, el niño terrible, Rimbaud!











PRIMER ROUND


UNA CARROÑA
Baudelaire

Recuerda aquella cosa que vimos, alma mía,
un día soleado:
al lado de un sendero carroña había,
un cuerpo espatarrado.

Con las piernas al aire, como una mujer lúbrica,
emanando veneno,
era allí, abandonada, de la muerte rúbrica,
con el vientre de cieno.

El sol resplandecía sobre la podredumbre
como para cocerla,
y a la naturaleza -¡oh milagrosa cumbre!-,
dando ciento por uno, devolverla.

El cielo la soberbia osamenta miraba,
que era un cráneo o una flor.
Y tu cuerpo en la hierba casi se desmayaba,
¡tan fuerte era el hedor!

Las moscas sobre el viento daban su bordoneo,
mientras iban saliendo en negros batallones
las larvas que corrían como un liquido feo
sobre aquellos jirones.

Todo ello descendía, subía cadencioso,
latía, destellaba;
dijérase que el cuerpo, a un soplo misterioso,
viviendo se agitaba.

El mundo daba entonces una música extraña
como el agua y el viento,
o el grano que el harnero sobre la parva apaña
con suave movimiento.

Las formas se borraban y no eran más que un sueño,
un esbozo confuso en la tela olvidado
al que el pintor un día da el último pergeño
con el pincel que pinta sólo lo recordado.

Y detrás de las rocas estaba un perro inquieto
que nos miraba airado,
esperando el momento de husmear el esqueleto
en busca del bocado.

Tú serás algún día igual que esta basura,
que esta horrible infección,
estrella de mis ojos, calor de mi ternura,
¡ángel de mi pasión!

¡Sí! Tal habrás de ser, ¡oh mi dulce querida!,
después del postrer sacramento,
cuando tus huesos bajo la tierra florecida
escuchen su memento.

Entonces, ¡oh mi bella!, dile tú a los gusanos,
pululando en tus huesos,
que aún guardará el recuerdo de tus besos malsanos
la esencia de mis besos.





ANTAÑO, SI LO RECUERDO BIEN...
Rimbaud

Antaño, si lo recuerdo bien, mi vida era un festín donde se abrían todos los corazones, donde todos los vinos corrían.

Una noche senté a la Belleza en mis rodillas.

-Y la encontré amarga-. Y la injurié.

Me armé contra la justicia.

Huí. ¡Oh hechiceras, oh miseria, oh cólera, a vosotras os he confiado mi tesoro!
Logré desvanecer de mi espíritu toda la esperanza humana. Sobre toda alegría para estrangularla di el salto sordo de la bestia feroz.

Llamé a los verdugos para morder, mientras agonizaba, la culata de sus fusiles. Llamé a las plagas, para ahogarme con la arena, la sangre. La desdicha fue mi dios. Me revolqué en el fango. Me sequé con el aire del crimen. Y le di buenos chascos a la locura.

Y la primavera me trajo la horrenda risa del idiota.

Ahora bien, hallándome hace muy poco a punto de lanzar el último ¡cuac! soñé recuperar la llave del antiguo festín, en donde tal vez recobraría el apetito.

Esta llave es la caridad. -¡Tal inspiración prueba que he soñado!

"Seguirás hiena, etc...", exclama el demonio que me coronó con tan amables adormideras. "Gana la muerte con todos tus apetitos, y tu egoísmo y todos los pecados capitales".

¡Ah! Estoy harto de eso: -Pero, querido Satán, os conjuro, ¡una mirada menos iracunda! y a la espera de algunas pequeñas vilezas rezagadas, para quienes aprecian en el escritor la ausencia de facultades descriptivas o instructivas, desprendo estas pequeñas aborrecibles hojas de mi carnet de condenado.



El ganador de este round es...

domingo, 31 de julio de 2011

EL CUERVO

Un día, en el librero de mis padres encontré un grueso libro de pasta dura que, desde la portada, me pareció todo un misterio. Lo abrí: La Divina Comedia estaba ante mis ojos, en su versión ilustrada por Gustave Doré. Comencé a leerlo mientras me quedaba largo rato mirando los grabados. Sobra decir que El infierno me cautivó. El cielo, con sus luces divinas y su jauría de ángeles me parecía aburrido al lado de Minos con su larga cola y las hordas de condenados.

En aquellos ayeres, había sido alentada por mi abuela a la lectura de Poe, cuyas Historias extraordinarias leía una y otra vez hasta que me enamoré perdidamente de Roderick Usher, amorío que terminó a mediados de la prepa, cuando comprendí que no me toparía jamás con tan atormentado caballero.

Otra de las historias que más me gustan es la de El cuervo, cuyo angustioso ritmo disfrutaba en la repetición. ¡Leonora!, ¡Leonora! El gusto por el poema aumentó cuando vi la adaptación que se hizo en Los Simpson, que fue grabada en un VHS y vista hasta el cansancio al lado de mi hermana.

Ahora, me complace haber encontrado dos de mis grandes placeres infantiles en uno: El Cuervo y otros poemas, de Edgar Allan Poe, ilustrado por Doré.



Para finalizar, los dejo con el inicio de El cuervo:



Once upon a midnight dreary, while I pondered, weak and weary,
Over many a quaint and curious volume of forgotten lore-
While I nodded, nearly napping, suddenly there came a tapping,
As some one gently rapping, rapping at my chamber door.
" 'Tis some visitor" I muttered, "tapping at my chamber door -
Only this and nothing more."





lunes, 20 de diciembre de 2010

ANTONIO PLAZA: LA NOCHE

LA NOCHE
Antonio Plaza


Tiende noche, tu lóbrego manto,
y en un mar de tinieblas, al sol
ahoga, noche, que quiero mi llanto
esconder en tu negro crespón.

Yo no quiero ni gloria ni amigos,
ni esperanza, ni amor ni virtud;
quiero solo quedar, sin testigos;
quiero sombra; detesto la luz.

Quiero el llanto verter que nutriendo
está siempre mi vida infeliz,
y correr dando un grito estupendo,
y después como loco reír.

Que la luna entre sombras sepulte
su maldita montaña de luz,
cielo y tierra a mis ojos oculte,
negra noche, tu negro capuz.

Que ni el eco a la voz corresponda,
que se enlute del campo el verdor;
que ennegrezca el cristal de la onda;
que se arrastre, maldita, la flor.

Sólo se oiga del noto el olvido
y del mar el solemne rugir,
de agotera lechuza el graznido,
de la alondra el doliente gemir.

La pavura del gélido osario
reine en torno; que el éter azul
se convierta en inmenso sudario
y la tierra en gigante ataúd.

De relámpago rojo las luces
en el cielo de luto al flagrar,
sólo alumbren de tumbas y cruces
un calcáreo fatídico erial.

Si en el cielo, de bilis preñado
brilla acaso de luna el fulgor,
que su disco, de sangre manchado
enrojezca ese cuadro de horror.

Las campanas distantes produzcan
un tañido llorón sepulcral;
y los miasmas infectos conduzcan
salmodiado, imponente cantar.

Forma vana, severa, imposible,
abandone el podrido ataúd;
misteriosa caricia, terrible,
vuelva un punto del ser a la luz.

Y sus órbitas duras esmalte
fosforescente, siniestro brillar,
y de su antro de hueso que salte
carcajada estridente, fatal.

Que del rayo la voz tan temida
truene y cruce distancia sin fin,
y la tierra por él sacudida
se abra y broten cadáveres mil.

Las culebras se empinen silbando,
ruja sordo el terrible huracán;
y los cuervos fastidien graznando;
vengan rayos de fiesta a alumbrar.

Esqueletos y momias horribles
que la mano amarilla se den,
y las piernas torcidas, risibles,
muevan todo con lento vaivén.

Y pedazos de tumba saltando
cruces, huesos, y trozos de cal,
al impulso del viento chocando
improvisen orquesta infernal.

Y con cauda de sombras tejida
la diadema de fuego en la sien,
desde un trono de tumbas presida
el festín de los muertos, Luzbel.

El infierno en sus antros se agite;
carcajadas arroje el dolor,
y una voz estentórea, que grite:
¡MALDICIÓN!...
¡MALDICIÓN!...
¡MALDICIÓN!...


ANTONIO PLAZA (1833-1883)
Mexicano; hombre sencillo, aunque de temperamento emocional y de inspiración un tanto violenta a veces, cuya obra poética ofrece una notable variedad de tonos debido a su carácter inquieto. Va desde un marcado patetismo romántico al sarcasmo y la sátira, sin olvidarse de los géneros festivo y epigramático y una serie de composiciones ligeras, de concesiones a lo popular, en las que late su simpatía natural; no obstante, Antonio Plaza se vio perturbado por amargas experiencias y azarosas circunstancias que hubo de sufrir y en algún modo influyeron en sus versos.